Hace siete inviernos desde que me prometí que nunca más permitiría que el frío congelara mis dedos. Sin embargo, cinco suspiros después de mi promesa, el tiempo dejó de transcurrir, la tinta dejó de latirme, y mis dedos han sido glaciares hasta este mismo segundo en el que escribo, sangrando cada letra.
Tengo miedo. Tecleo con la misma inseguridad que un ser humano da los que serán sus primeros pasos de vida. Pero es que yo ya no soy la que fui. O igual nunca dejé de serlo. Es posible que sea precisamente por eso, que estoy aquí.
Hoy me enfrento al reflejo desafiante de mi ego, que reprocha todas las lunas de ausencia. Me pregunto por qué dejé de hacer aquello que nos había estado alimentando el alma toda la vida. Lo sé, ser feliz tiene sus consecuencias, y a mí me desgarró las letras de la piel, una a una. No quiero justificarme, pero una siempre acaba por volver a casa si la puede llamar hogar, podría resumirlo así.
Sin embargo, el camino no está siendo sencillo. Tengo una losa de momentos que deseo soltar de golpe, que me impiden avanzar y una venda que no me deja vislumbrar los cimientos de mi propósito. Es el fin lo que me abruma, la presión, el no querer aun queriendo. No va a ser mejor mañana. Ni pasado. La realidad también escuece, y el dolor se abraza, si de algo sé es de lamer heridas.
Pero entonces respiro. He aprendido tanto en este tiempo... y a pesar de todo, parece que esté renegando de mí misma. BASTA.
Sé que puedo hacerlo, que puedo abrir una herida más, cuidarla hasta que cicatrice, porque siempre me han fascinado las historias que hay detrás de cada huella que dejaste.
Algo parecido a la calma reposa sobre mis hombros. No hay prisa, nunca la ha habido. Estoy aquí porque es donde me encontraba cuando me sentía perdida. No sé por dónde se empieza a buscar una misma cuando te llevas un abismo de ventaja. Y es paradójico, pero cuánto más me esfuerzo en hallarme más lejos siento mi sombra. siete inviernos de distancia. Esta vez te mereces el primer premio, nos lo hemos ganado a pulso.
Voy a dejar ir el aire que he estado reteniendo desde que he empezado. Creo que estoy comenzando a comprender(me). Pienso que incluso los pasos indecisos son una buena forma de seguir para adelante, de trazar el camino de ida. O de vuelta. da igual la dirección cuando llevas el instinto por bandera.
Nos volveremos a encontrar antes de lo que sueñas.
Nos volveremos a leer después de lo que sientes.